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Bar Vendôme

Este bar conserva el espíritu de una gran brasserie parisina. Gracias a su espectacular cubierta de cristal, puede transformarse en un jardín de invierno o, cuando el tiempo lo permite, en un patio soleado. Aquí podrá hacer una pausa y tomar un café con leche disfrutar de un filete tártaro para almorzar, saborear pasteles o abandonarse a los placeres de la infancia con un helado. O si lo prefiere, tomar un aperitivo acompañado de una docena de ostras, cenar un lenguado meunière o disfrutar de un refrigerio en cualquier momento. Todos los grandes clásicos que han encumbrado a París y lo han convertido en toda una fiesta se reúnen aquí. El placer de comer en el Ritz París  a cualquier hora del día y de la noche. 
 

Le encantará

Una ventana hacia el cielo

La cristalera, nexo de unión entre el Bar Vendôme y su terraza, recupera los códigos de la Belle Époque.

Cuando hace buen tiempo, se abre replegando sus alas de cristal para dejar volar las conversaciones sobre el cielo de París. Cuando llueve, el parasol transparente se burla de la intemperie y deja que las confidencias fluyan naturalmente.

Cuando llega el frío, su caparazón se convierte en un jardín de invierno engalanado con sofás de terciopelo.

Durante el día, se baña de luz. Por la noche, acaricia las estrellas. Es la esencia del Ritz Paris, desde el primer café hasta la última copa.

Érase una vez

Las damas primero

A comienzos del siglo pasado, el Ritz era uno de los primeros hoteles al que podían acudir las señoras sin necesidad de ir acompañadas.

Así, disfrutaban al verse y dejarse ver para el té de las cinco, un ritual que César Ritz trajo de sus años en Londres.

Últimas noticias

Puttin' on the Ritz

Hay noches en las que el Bar Vendôme se viste de jazz. El piano de cola invita al contrabajo, al violín y a la guitarra y todos se ponen de acuerdo. En el bar, la música marca el tempo y destila sus notas de blues bajo la cristalera.

La exquisitez según François Perret

Éclair espolvoreado con cacao, milhojas invertido, magdalena con corazón de miel y recubierta con una vaporosa nata y un aterciopelado chocolate. En sus vitrinas clásicas, los postres se muestran sin revelar todos sus secretos y así seducirle y hacerle perder el sentido.